martes, 19 de mayo de 2015

-Prólogo-

Caigo. ¿Cuándo comenzó todo esto? ¿Cómo llegué aquí? ¿Quién soy? Aún... no estoy seguro. No. No puedo recordarlo, eso es. El frío o el calor, el dolor, el cansancio... nada. Sólo me quedan mis emociones, el miedo, la desesperación y también... el caos. Estoy atrapado. Todo es rojo y negro, carente de materia; etéreo. Estamos atrapados. Mi mente es abstracta y da vueltas, girando en un torbellino imparable de desfogue irracional; ciega a la lógica.

El tiempo se expande, se divide, cae en pequeños retazos y parece empezar de nuevo; pero todo es sólo una ilusión. Estoy cayendo por una eternidad, pero no estoy solo. La ira, el descontento, el odio y la muerte; ellos me acompañan. Y mientras caemos, presos de lo que parece ser un vórtice sin destinación, una imagen llega a mí. Cálida, inocente, pura.

"¡Hola!" Es un niño. Ingenuo y débil, tan pronto en la vida y tan destinado a morir. Sus oscuros cabellos y su rostro pálido son irreconocibles para mí. "¿Hola?" La imagen se mantiene. Sus ojos azules se mantienen observando directamente al vacío en el que me he convertido. Acaso él... No. Imposible. "Sr. Rojo, ¿por qué no me contesta?" Extiende su mano y me toca.

Por primera vez, quizá, soy consciente de mi cuerpo. Una dimensión física... ¿Materia? "¡Sr. Rojo! Debe despertar, la puerta ha sido abierta." ¿La puerta? ¿De qué está hablando...? Una luz. ¿Cuánto tiempo ha pasado? Se hace cada vez más intensa, más grande. Las dimensiones empiezan a aclararse y el niño en frente mío desaparece. Ira, Descontento, Odio y Muerte se acercan a mí; cada vez más visibles.

Sus figuras grotescas y bizarras están acompañadas por un olor a descomposición punzante. Me abrazan, se aferran a mí. No quieren soltarme. Trato de escapar, pero las extremidades esqueléticas de Muerte se aferran a mi espalda, incrustando afiladas garras entre mis músculos. Odio me toma por el pecho y Descontento inmoviliza mis manos, mientras Ira trata de nublar mi visión; pero la luz es cada vez más brillante.

Mientras cada uno de los cuatro entes trata de atormentarme, seguimos cayendo. Rápido, ahora lo sé. Somos cada vez más pesados, como si una fuerza de gravedad nos impulsara hacia abajo. La fricción se quiebra, no hay nada que nos detenga. Caigo. Dolor. Caigo. Dolor. Caigo. Caigo. CAIGO.

Nada.

Me despierto, completamente desnudo, en medio de una ciudad en ruinas. El lugar se vino abajo hace mucho, es obvio. Una sensación de inquietud me ayuda a ponerme de pie torpemente. ¿Hace cuánto tiempo no usaba mis extremidades? Comienzo a caminar, tembloroso, con el cuerpo helado. Cráneos resecos en el piso llaman mi atención. ¿Qué es esto? ¿En dónde se supone que estoy? ¿Qué debería de hacer?

Un grito agudo me desequilibra por completo. Viene de arriba. Alzo la vista y puedo divisar el cielo completamente gris, con un gran agujero negro al centro, cubriendo toda la ciudad. Cuatro figuras caen desde distintos puntos, veloces y descontroladas, hasta perderse en cuatro sectores alejados dentro de la ciudad. Ira, Descontento, Odio y Muerte.

Vienen por mí.